Dime qué compras y te diré quién eres

Yo pensé que el verano me traería una vista al mar, un desayuno estructurado con filtro Valencia y un bronceado perfecto, pero luego recuerdo que soy una simple asalariada que se gastará ese dinero en las rebajas y no me quedará de otra que tomarme selfies en el baño. O, ¿no?

Todas, sin importar status social y cuentas de banco, caemos rendidas a las rebajas, es como aquel guapo patán ojos enigmáticos y cabello cobrizo de la escuela, todas lo volteamos a ver, babeamos y  seríamos capaces de sacar nuestra perra interior con tal de ganárselo a otra.

Comprarte aunque sea una blusa libera el estrés, te hace sentir merecedora y la mujer más astuta del mundo por comprar a 799, algo marcado en 999, que en realidad costaba 899, pero qué importa si con tarjeta te sale a 18 meses sin intereses.  Todas nos sentimos iguales, ¿pero todas compramos igual? Claro que no:

La So last season. Nunca olvidaré aquél chaleco Michael Kors rebajado de 8 mil a 5 mil pesos, en realidad era una ganga, si no fuera que con ese dinero podría comprarme todos mis outfits de temporada, hacerme egoblogger y no repetir nunca. Sí, a mi me tembló el ojo y por alguna razón me imaginé comiendome los botones por el resto de mi vida, a diferencia de la señora Desperate Housewife a mi lado, enfundada en Guess y bolso Coach, ella a eso iba, a encontrar algo para ir al cafesito con sus amigas después de dejar a los niños en el Colegio, y obvio tiene que ser de marca, no importa que todas sus amigas parezcan  retrato y sus piezas super basic bitch de las temporadas  pasadas, no importa, con que sea de marca se salva de ser  vetada y destruida en cinco segundos. ¿H&M? Bye con tu vida en sociedad.

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La fashionator. Donde pone el ojo, está la oferta. Es como un robot que identifica las tendencias, un águila que sabe dónde está escondida su presa, en este caso esa prenda con la que ha soñado por meses y hasta ahorita le alcanza para comprar. Una de dos, o vendió su alma por tener esa magnífica habilidad para encontrar lo que quiere o es de las que esconden la ropa para después volver por ella.

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La YOLO. Su lema es “La vida es demasiado corta… ¡compra los malditos zapatos!” Ella vive al día, si le gusta, se lo lleva, no importa si mañana no le gusta la prenda y la deja arrinconada por el resto de sus días, no importa si gasta por gastar y el día de mañana tiene que comerse las lentejuelas de algún vestido,  nada la detiene, pues su mayor motivación es el “Me lo merezco”.

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La Sor Juana. Como si fuera  policía corrupta las rebajas son de 200, y si no, ¿cómo se atreven a llamarle rebaja? Ya sean shorts, pantalones, zapatos, todo debe costar menos o igual a 200 pesos. Le atraen los carteles neón con precios escritos con marcador negro, doñas sudadas peleando a muerte por una blusa talla L en una isla de tendencias combinadas y donde regularmente una voz entonada en los ángeles azules le dice, “Güerita, ¿qué va a llevar?”.

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Tan iguales y tan distintas, unidas por el amor y el enemigo: las rebajas. ¿Se identifican o son de algún otro tipo? Cuéntenme en cualquiera de mis redes sociales: Twitter,  Facebook, y visiten mi blog La rubia del pueblo.

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Rubia natural desde que el peróxido tocó mis bellos rizos lacios, mujer en pleno cuarto de siglo, cosmopolita de un ranchito cuadrado desértico. Maestra de día, bloguera de noche y dormida en la madrugada. ¿Amante? ¡Jamás! Más bien amiga con derecho que busca ser novia de la moda, amo la creatividad de ese mundo que siento tan cercano gracias al Internet. Convencida de que es posible tener buen estilo, sin dejar de comer para lograrlo. Redes sociales: Fan page: /rubiadelpueblo Twitter: @rubiadelpueblo Blog: larubiadelpueblo.com Instagram: /argelalvarez

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